Sobre mí
Si me tengo que definir con unas pocas palabras, diría: familia, pueblo, baloncesto, leer, viajar y montaña.
De padres abulenses, me he criado en Madrid, principalmente en Fuenlabrada, junto a mi hermana, María. Ya desde pequeño me gustaba la Historia, sin duda influido por mi padre, que estudió Geografía e Historia en la UAM y que ha sido profesor de estas materias durante años. De hecho, mi madre también es maestra, en su caso de Infantil y Primaria, al igual que mi hermana. Somos por tanto una familia un poco peculiar, todos docentes, así que cuidado con preguntarnos dudas porque a lo mejor os damos una clase sin darnos cuenta.
Actualmente, mi mujer, Vega, y yo, hemos formado una bonita familia con dos pequeñuelos, Luna y Héctor, nacidos en 2021 y 2024, respectivamente. Su llegada ha transformado por completo nuestras vidas y nuestra rutina diaria, y todavía nos estamos adaptando a ello. A mí personalmente me han ayudado a mirar mucho más allá del trabajo, disfrutando de cada pequeño avance que logran.
De niño y adolescente estudié en el Colegio NILE, en Fuenlabrada, un centro educativo al que siempre tendré mucho cariño. Ahí tuve a muchos grandes profesores y aprendí lo necesario para seguir adelante, tanto en lo educativo como en la vida en general.

En cuanto a hobbies, el deporte siempre me ha encantado y, aunque de muy pequeño jugaba al fútbol, rápidamente me di cuenta de que el mejor deporte en equipo es el baloncesto. Jugué en prácticamente todas las categorías del Colegio NILE, ganando de hecho la liga en varias ocasiones, y disfrutando muchísimo. El baloncesto además lo he seguido practicando hasta hace muy poco, y espero retomarlo dentro de no mucho.
Otras actividades que me encantan son ir a la montaña, leer y, por supuesto, viajar. Aunque esto último no es fácil hacerlo con frecuencia, y menos ahora con dos hijos pequeños, siempre cae alguna salida cada cierto tiempo. En cuanto a la lectura, mi género favorito es la novela fantástica, perfecta para desconectar y dejar volar la imaginación.
El final lo he dejado reservado para un lugar muy especial: mi pueblo, La Aldehuela, en Ávila. Allí nacieron mis padres, Aurora y Fermín, que llegado el momento emigraron a Madrid para estudiar en la universidad. Pese a formar parte del éxodo rural, nunca han roto el vínculo con sus raíces y con esos valores hemos crecido mi hermana y yo. Ir al pueblo es sinónimo de disfrutar de la naturaleza, de ver a amigos y conocidos, de vivir multitud de experiencias.
